¿Para qué escribimos cuando suponemos que no tenemos nada nuevo para decir?

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Hace mucho tiempo que no escribo y mis métricas -que están por el piso- lo saben. Sin embargo, hoy recibí un mail para confirmar si quería renovar o no mi dominio y, a pesar de la nula actividad en los últimos meses (años), decidí continuar con este espacio.

No es fácil mantenerlo vivo. En mi caso, me juega muy en contra la rutina y el día a día de mi trabajo. Siempre que me pongo a escribir pienso si la idea que estoy volcando en el texto no es un refrito de muchas otras cosas que leí por ahí.

Lo supongo. Muy probablemente sea así. Pero, en parte, de eso se trata todo esto.

La semana pasada fui por primera vez a La Noche de la Filosofía (se las súper recomiendo, si mi recomendación tiene algún tipo de valor para el lector que, por fortuna del algún algoritmo, pueda caer en este posteo). En alguna de las varias charlas en la que estuve (ya no recuerdo en cuál), alguien comentó que no existe el pánico a la hoja en blanco (pánico famoso, si los hay). En realidad, el miedo es a no repetir lo que otro ya dijo o hizo previamente. Eso es lo que nos anula a escribir o hacer algo nuevo.

Sin embargo, si lo que nos motiva a escribir no es la originalidad de lo dicho, sino la posibilidad de ponerle cierto orden a todo lo que uno lee y consume, la cosa cambia.

Si no se escribe para un lector, ¿para quién se escribe? Si no existieran las métricas que nos dicen que tuvimos cierta cantidad de páginas vistas, comentarios y likes, ¿escribiríamos todas las cosas que se nos pasan por la mente que probablemente no merecen ser escritas? ¿Quién puede decir si algo merece o no ser escrito? ¿Podemos despojarnos de la mirada de un otro o ya es demasiado tarde para escribir lo que se nos venga en gana? ¿Podríamos pensar o escribir desde la nada o primero necesitamos leer y conocer otros textos e ideas para pensar en nuevas cosas?

Hay tantas cosas dando vueltas que, cuando uno se sienta a escribir algo, probablemente a quién más útil e interesante le resulte el posteo final es al propio autor. No por lo que diga finalmente, sino porque ayuda a jerarquizar y ponderar datos, ordenar ideas, vincularlas, expandirlas (o al menos intentarlo). El ejercicio de la escritura es, en definitiva, un ejercicio de pensamiento.

Seguiré haciendo de cuenta que nadie lee esto, para que todo sentimiento que aborte la libre expresión (?) se disipe y que simplemente pueda comentarme a mí mismo cómo evolucionan mis propias ideas. Hablaré solo, como los locos. Y si finalmente alguien cae y comenta algo, la cosa se pondrá (más) interesante.

Seguiré linkeando ideas.

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